2.3.11

Libro Recomendado: Rififi de Auguste Le Breton


Titulo: Rififi
Autor: Auguste Le Breton
Genero: Serie Negra
Editorial: Planeta

Prefacio

Algunos escritores de paladar delicado y romanticismo ligero han tenido tanto exito, que el mundo familiar de hampa (la descripcion artificial que han logrado imponernos con la costumbre del uso) ha ido adquiriendo poco a poco un dulce e innoble aire de opereta. El tono que prevalece es monocorde, facil, neutro; los colores, demasiado faltos de audacia.
Sin embargo, lo que a la manera cartesiana se llama le milieu (el mundo del hampa), para nosotros, desde el punto de vista literario, equivale a lo mas sombrío o mas pintoresco que se puede encontrar en su género, aunque diferente, en Londres o Nueva York. No faltan historias escalofriantes, trágicas, tiernas o sórdidas, sino narradores que hayan pasado por los bajos fondos de este mundo activo y miserable, y que puedan escribir objetivamente, sin traicionar a nadie, en el mismo lenguaje que allí se habla.
Auguste le Breton, cuyo primer libro presentamos, es de estos narradores cualificados, capaces, a partir de documentos precisos, de volver a inyectar, valga la expresión, un poco de sangre fresca a un género en el que el prolongado suspiro de los acordeones, el argot anticuado, el sentimentalismo y la falsa elefancia de los foulards, así como los asesinatos insípidos y la cándida multiplicación de cadáveres, no bastan para compensar al aficionado serio de la ausencia del clima apropiao, de la pobreza de recursos de hechos, y de la abstracta y gratuita resolución de aventuras imaginarias o de cualquier trivial problema policíaco.
Los hombres del hampa no son bailarines de cuerda, al menos como lo entienden algunos novelistas de moda, En Francia, la novela negra exigía una reacción, y creo que aquí está.
Por asombrosas o espantosas que puedan ser en su desenlace las intrigas del milieu, es la vida, su singular debate, lo que nos interesa de ellas; la auténtica y fatal palpitación de los bajo fondos corrientes de la vida, los juegos imprevistos del odio o del amor a subasta, de la ingenua vanagloria de los beneficios a mano armada.
Auguste le Breton tiene el sentido patético de esta vida, salpicada a placer de cuestiones de honor, donde reina una especie de libertad salvaje, no exenta, cuando hace falta, de grandiosidad, por adulterada que esté en la base, ni de absurda arrogancia. Además, y ello es indicio de su humanidad, tiene cierto gusto por la ternura oculta que emerge en el peor momento, como signo de redención, en los personajes consagrados, por fuerza o por debilidad, a la desgracia y al crimen.
El asesino que ama sinceramente a los pajaritos, dos canarios amarillos en una jaula dorada, no está perdido del todo.
Existen incluso, por increíble que parezca y en mayor número de lo que se piensa, "chicos malos" que se comportan como bondadosos caballeros del riesgo. ¿Lo saben los ajenos del milieu, los que desearían ignorarlo? Esos chicos constituyes, para definirlos a grandes rasgos, una clase, una raza, una mayoría social que hace daño en el seno del "mundo de fuera".
El autor de este libro no estaba en absoluto destinado a la carrera literaria. Trabajosamente adquirió los rudimentos de la educación en los bancos de la Asistencia Pública. Pero se smetió con paciencia, durante años, a la disciplina necesaria paraexpresar una experiencia y una rebelión queen él revalorizan una esperanza mayor.
Su lenguaje, en lo que itene de argot, es estricatamente el que se oye a última hora en la colina de Montmartre.
Quizás este recién llegado a la comunidad de los narradores todavía no tenga, a la hora de escribir, la seguridad que sería deseable para un hombre de su carácter, un hombre cuyo talento desborda los límites de la obra; pero tiene otros dones: un vigor que lo emparenta ya con los maestros extranjeros del género, una capacidad de sugestión que , junto con una profunda sensibilidad, nos reserva, espero, una producción novelesca de categoría.



De este libro, se adapto una película francesa del mismo nombre, "Rififí", dirigida por Jules Dassin en 1955. (Para descargar la película, acá)